sábado, 2 de julio de 2016

La larga marcha




En este libro conoceremos a un chico llamada Ray, que decide inscribirse a una especie de torneo donde participan 100 adolescentes. Este concurso trata de caminar sin poder detenerse para nada y quien se vaya deteniendo va siendo eliminado; la forma de eliminar de este “show” es matando a los que ya no pueden y a la gran mayoría de una forma muy cruel.


Básicamente el libro sólo se basa en la historia de aquella caminata, del porque fue ahí el protagonista del libro e historias de algunos de los otros concursantes.

Me pareció un libro sumamente predecible y sin tanta historia, no me logro atrapar tanto en realidad y considero que me quedo a deber mucho.

Por otra parte siento que algunas cosas son un poco repetitivas, por lo que se me hizo a veces tedioso terminar el libro y sumando en que una gran cantidad de veces contenía mucho gore se me hizo aún más pesado.

Este libro lo dejo en los últimos lugares de lo que he leído hasta ahorita de Stephen King, me gustan mucho sus obras, sin embargo no me gustó esta.



Lo que más me gustó. 

En esta ocasión creo que no hubo algo excepcional que me gustara, sin embargo Olson  y Scramm me parecieron agradables. 

También una que otra historia de los participantes me pareció interesante.



― Nuestro profesor de historia nos leyó un artículo acerca de la superpoblación en las escuelas, así que me dije: ¿por qué no dejo mi sitio a alguien que pueda aprovechar el tiempo, y yo me dedico a lo mio? De todos modos, quería casarme con Cathy.
― ¿Cuántos años tenías? ― preguntó Garraty, más asombrado que antes.
Estaban atravesando otra pequeña población, con las aceras llenas de pancartas y espectadores, pero apenas lo advirtió. Los espectadores ya pertenecían a otro mundo, en modo alguno relacionado con él. Podían perfectamente estar tras una gruesa cristalera blindada.
― Quince― respondió Scramm.
Se rascó el mentón, oscuro por la barba incipiente.
― ¿Nadie intentó convencerte de que siguieras estudiando?
―En la escuela había un tutor de estudios que me dio la lata para que me quedara y no acabara de peón camionero. Pero alguien tiene que hacer de peón camionero, ¿no?
Saludó con entusiasmo a un grupo de niñas que realizaban una espontánea demostración de majorettes, con las falditas plisadas y flexionando las rodillas hacia el cielo.
―De todos modos, nunca he hecho de peón camionero, ni he cavado zanjas. Ni una sola vez en mi vida. Entré a trabajar en una fábrica de sábanas cerca de Phoenix, a tres dólares la hora.—




Lo que menos me gustó.


Fue que no hubo algo sobresaliente en la historia, todo fue tan líneal que en ocasiones se me hizo tedioso.

Y lo que más deteste fue que hubiera mucho gore, aunque sin duda lo que más deteste fue cierta escena de maltrato animal.

Lectorati

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