domingo, 15 de noviembre de 2015

Las aventuras de Pinocho





En este libro se cuenta la historia que ya todo el mundo conocemos de Pinocho, desde cómo fue hecho, cómo se va a portar mal, es convertido en burro y sus deseos de ser un niño normal. 
Sin embargo en este libro se conocen muchos aspectos que la película ni los cuentos populares tienen. 
Aparece aquí desde los antecedentes y el porque se creo a Pinocho  hasta todos los detalles que pasaron cuando Pinocho logró hacer su sueño realidad. 

En este libro aparecen algunas escenas un poco shockeantes, (al menos para mí), ya que yo tenía otra imagen de este títere gracias a la Película y demás, pero se puede conocer que es un muñeco sumamente berrinchudo, travieso y algo tonto. 
Sin embargo, hay algunos momentos donde Pinocho hace que te dé cierta tristeza o lástima. 

Me parece que es un libro sumamente entretenido y te saca de onda a veces, aunque si debo admitir que me pareció algo denso, aunque no son tantas páginas y  se puede leer tranquilamente. 



Lo que más me gustó. 

Fue que al final hizo de todo por salvar a su papá y que a pesar de las adversidades tuvo una gran recompensa por sus hazañas. Y en cierta forma lo de los pies, ya que me pareció algo muy loco.



——Detengan a ese Arlequín, átenlo bien y échenlo al fuego para que se queme. ¡Quiero que mi cordero se ase a la perfección!
¡Figúrense al pobre Arlequín! Fue tan grande su espanto que se le doblaron las piernas y cayó al suelo de bruces.
Pinocho, ante aquel espectáculo desgarrador, se echó a los pies del titiritero y, llorando a lágrima viva y mojándole todos los pelos de la larguísima barba, empezó a decir con voz suplicante:
—¡Piedad, señor Comefuego!…
—¡Aquí no hay señores! —replicó con dureza el titiritero.
—¡Piedad, caballero!…
—¡Aquí no hay caballeros!
—¡Piedad, comendador!…
—¡Aquí no hay comendadores!
—¡Piedad, Excelencia!…
Al oírse llamar Excelencia, al titiritero se le iluminó la cara y, convirtiéndose de golpe en un ser más humano y tratable, le dijo a Pinocho:
—Bueno, ¿qué quieres de mí?
—¡Le pido que perdone al pobre Arlequín!
—No hay perdón que valga. Si te he perdonado a ti, es preciso que lo eche a él al fuego, porque quiero que mi cordero esté bien asado. 



Lo que menos me gustó.

Fue que a veces Pinocho actuaba demasiado tonto, entiendo la parte de que al ser un muñeco y todo no sabe lo bueno y lo malo, pero  en algunas ocasiones me terminaba haciendo enojar. 
Lectorati

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